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Los orígenes del lenguaje de señas cisterciense

Los orígenes del lenguaje de señas cisterciense

Los orígenes del lenguaje de señas cisterciense

Por Scott G. Bruce

Císter: Commentarii cistercienses, Vol. 52 (2001)

Introducción: En el verano de 1624, diez abades de la Estricta Observancia Cisterciense se reunieron en Vaux-de-Cernat, cerca de París, para redactar una serie de estatutos reformadores destinados a inspirar un retorno a la heroica austeridad de los monjes del Císter temprano. Propusieron una nueva administración interna y ordenaron la adopción de formas desatendidas de ascetismo personal. La disciplina del silencio fue particularmente importante para los ideales de los reformadores. Los abades de la Estricta Observancia aconsejaron el cultivo riguroso del silencio personal de acuerdo con las Sagradas Escrituras y los escritos de los Padres del Desierto, que fueron unánimes en el elogio de esta costumbre como componente fundamental de la vida religiosa. Como corolario de esta disciplina, también alentaron a los monjes a adoptar un sistema de señas manuales, supuestamente el mismo lenguaje de señas que los propios Padres habían inventado e instituido con el fin mismo de salvaguardar el silencio en sus antiguos monasterios.

Los reformadores estaban ansiosos por asociar el uso de signos manuales con el austero ascetismo de los Padres del Desierto, pero con toda probabilidad el lenguaje de signos de los primeros cistercienses y sus imitadores del siglo XVII no era un producto de la antigüedad cristiana. Más bien, fue una de las muchas variaciones conocidas del sistema de signos atestiguadas por primera vez en el siglo X en un círculo de monasterios en Borgoña, incluida la abadía de Cluny. La historia de este lenguaje silencioso solo ha comenzado a recibir una atención crítica. El presente estudio comienza con una discusión de las diferentes formas de comunicación no verbal utilizadas en las comunidades monásticas medievales tempranas, con énfasis en las fuentes para el uso de la lengua de signos entre los monjes cluniacenses. Luego explora la evidencia de la adopción y aplicación de esta costumbre en las primeras abadías cistercienses. Una comprensión más completa de la historia de la lengua de signos monástica y su transmisión arroja luz sobre un aspecto fundamental de la vida interna de los monjes blancos en la Edad Media. También revela algunas de las estrategias que emplearon los abades cistercienses para salvaguardar los estándares de disciplina en sus comunidades.


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