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Viudas en la Alta Edad Media: entre la libertad y la exclusión

Viudas en la Alta Edad Media: entre la libertad y la exclusión

Viudas en la Alta Edad Media: entre la libertad y la exclusión

Por Aneta Pieniądz

Acta Poloniae Historica, Vo.98 (2008)

Introducción: La aceptación del cristianismo por las sociedades alemanas de la recién nacida Europa medieval abrió un largo proceso de cristianización entendido como un cambio cultural que abarcó todos los ámbitos de la vida. El choque entre normas y valores viejos y nuevos condujo al surgimiento de un sistema de reglas más o menos coherente que determinó la forma de pensar y el comportamiento de los individuos y provocó la transformación de toda la organización social. Este proceso multiplano, lento y frecuentemente eludiendo la observación directa, se puede rastrear principalmente en aquellos ámbitos de la vida social donde la disonancia cultural dio lugar a las tensiones más fuertes y, por tanto, se registró mejor en las fuentes. Por tanto, la mejor manera de conocer el mecanismo de esos cambios es estudiar la influencia de los nuevos patrones culturales en los grupos sociales especialmente sensibles al cambio, es decir, principalmente aquellos que, por diversas razones, estaban socialmente desfavorecidos y sujetos a fuertes presiones contradictorias. En este contexto, valdría la pena mirar más de cerca la evolución del papel social de las viudas, una categoría doblemente desfavorecida, tanto por su sexo como por su posición dentro de la estructura de parentesco, y cuyo estatus sufrió cambios considerables bajo la influencia del cristianismo.

En las sociedades tradicionales, como aparecen tanto en los estudios de etnólogos como de historiadores, las viudas, como personas que habían permanecido en el contacto más estrecho con el difunto, eran tratadas como pertenecientes indirectamente a la esfera de la muerte, tan aterradora y peligrosa para las personas; de ahí que, por regla general, se vean abrazados por restricciones y prohibiciones que durante cierto tiempo los alejaron al margen de la vida social. Este período, que en términos antropológicos puede definirse como un período de transición prolongado, permitió a la mujer adaptarse social y psicológicamente a su nuevo rol, y al mismo tiempo protegió a la comunidad contra los poderes amenazantes y misteriosos liberados por la muerte. La manifestación de dolor que mostró una viuda tras su pérdida fue también de un valor simbólico esencial para el grupo de parientes al que pertenecía el difunto, fue un elemento de un complejo ritual que acompañó la reconstrucción del orden socavado por la muerte.

Privada del apoyo que encontraba en su marido, cuya condición determinaba su posición y relaciones con otras personas, la viuda se encontraba fuera de los puestos sociales designados y regulados por la ley y la costumbre; esta fue la razón del carácter ambiguo e indefinido de su situación en esta etapa de su vida. En cualquier caso, difícilmente se puede hablar de las viudas como una categoría social distintiva; La viudez se percibía como un período transitorio, anterior a un nuevo matrimonio, que finalmente dejaba a la mujer abandonar ese estatus temporal y recuperar una posición estable en la sociedad. Así, el papel social de una viuda se definió, al igual que en el caso de otras mujeres solteras, principalmente por las expectativas de sus familiares sobre su próximo matrimonio. Para su grupo de parentesco, su valor personal se valoraba principalmente en función de su utilidad para establecer más relaciones familiares o para mantener los vínculos con la familia de su primer marido al casarse con algunos de sus parientes.


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