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Escuchar voces medievales

Escuchar voces medievales

Escuchar voces medievales

Por Corinne Saunders

La lanceta, Vol. 386 (2015)

Introducción: Escuchar voces sin estímulos externos: en la imaginación popular, la alucinación auditiva se entiende con mayor frecuencia como un síntoma de trastornos mentales graves. Sin embargo, la audición de la voz también es un aspecto importante de la experiencia vivida, que no siempre se aborda satisfactoriamente mediante el diagnóstico y el tratamiento médicos. Mirar a través de culturas y épocas históricas sugiere una amplia gama de posibles tipos de experiencias de audición de voz. El período medieval es de especial interés porque su mundo de pensamiento da por sentada la posibilidad de lo sobrenatural y sus teorías de la medicina y la psicología ofrecen modelos explicativos poderosos para la experiencia alucinatoria. Algunas de las escrituras religiosas más importantes del período se inspiran en escuchar voces, mientras que sus ficciones también juegan creativamente con escuchar voces.

En la cosmovisión pre-cartesiana de la Edad Media, las ideas sobre el cuerpo y la mente estaban estrechamente conectadas. La teoría de Hipócrates de los cuatro humores, desarrollada por Galeno en el siglo II, sustentaba la noción de un continuo cuerpo-mente: los humores daban forma tanto a la mente como al cuerpo, y su equilibrio era esencial para la salud física y mental. En resonancia sorprendente con las teorías neurocientíficas contemporáneas, las emociones estaban escritas en el cuerpo, pero también tenían un papel fundamental en la cognición. Se entendía que las impresiones de los sentidos eran unidas por los sentidos internos, situados en el cerebro. El célebre teólogo y filósofo del siglo XIII, Tomás de Aquino, describió los pensamientos como dependientes de tales “formas” o impresiones sensoriales, que pasan por la imaginación y la cognición y se almacenan en la memoria. Este modelo respalda la idea de un ojo y un oído internos, haciendo realidad la posibilidad de una experiencia visionaria y de escuchar voces internas. Las ideas medievales también estaban teñidas por una profunda conciencia de un sobrenatural multifacético: no solo Dios y el diablo, sino un mundo espiritual más allá del alcance humano, de ángeles, demonios y fantasmas.

La experiencia afectiva que produce voces y visiones en la escritura medieval es repetidamente la del amor, sea romántico o divino. El amor se concibe en los tratados médicos y en los romances como una enfermedad mental y corporal, causada por fuerzas sobrenaturales e invasivas: una flecha disparada por el dios o la diosa del amor produce síntomas que solo el amado puede curar. Geoffrey Chaucer, escrito a finales del siglo XIV, describe la fisiología del amor con detalles precisos. En su Cuento de caballero, la amante Arcite, golpeada en el corazón por el amor, se transforma tanto física, volviéndose pálida, fría y con los ojos hundidos, como mentalmente, de modo que su “celda fantástica”, su imaginación, produce obsesivamente imágenes de su dama; el efecto se describe como "manía". En el sueño, Arcite experimenta un tipo diferente de visión, del dios Mercurio hablándole, pero llama la atención que Chaucer use el verbo “pensamiento”, implicando el funcionamiento de la mente en el sueño así como la huella de lo sobrenatural en el imaginación.


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